El crisol político de la cuenca del papaloapan

 

Por Pascual Sánchez Rosales.

Cosamaloapan, Ver.

Después de esta plandemia, ya nada será igual, decía mí abuelita que la gente se acostumbra a las fiestas, las espera con mucha ilusión, no importaba hacer trabajos pesados y agotadores con tal de conseguir los permisos para ir a divertirse en las festividades de fin de año.

La Candelaria en Tlacotalpan, las del mango en Chacaltianguis, las de San Antonio en Acula, del Cristo negro del Santuario hoy Otatitlan y tantas fiestas de los pueblos de las llanuras del Sotavento.

Hoy todo está prohibido, por la llegada de la famosa pandemia, hasta prohíben las reuniones familiares,debemos de adaptarnos a sus nuevas modalidades, encerrarse en casa para que no entre el cobid y siga de largo en busca de otros hogares hablar habiertos y con gente que no respete las reglas de los gobiernos.

Los comerciantes y prestadores de servicios no encuentran las fórmulas para trabajar como antes, algunos ya cerraron sus negocios y despidieron a los empleados, otros esperan que los semáforos cambien de colores y lleguen a blanco.

Es una locura para trabajar, inventan reparto a domicilio y hasta en parcialidades de pagos y nada, no hay trabajo y no hay dinero para subsistir, ni ayudas dé los gobiernos.

Tristeza abunda entre los comerciantes esta navidad y lo que será año nuevo y los reyes, ni con su magia podrán controlar y menos, acabar con ésta nueva modalidad, luego vendrán otras plandemias y controlarán los impetus y se podrá hacer las voluntad es dé las élites.

Por hoy es todo.

Buenas tardes, buen provecho y está luego

Si no hacen mí lengua chicharrón