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viernes 29 mayo 2020
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PLUMA NEGRA

Ignacio Alvarez

Ultima Oportunidad Fase III

Crisis hospitalaria

Desploman economías locales

En estatus de sorpresa se encuentran la mayoría de los sectores de Veracruz, en especial el Gobierno ya que desde que el sábado por la noche, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell dió el grito desesperado para que todos los mexicanos entiendan de una vez por todas que el antídoto más eficiente para evitar el COVID-19 es el aislamiento en los hogares, a muchos no les termina de caer el veinte y siguen en la calle, el propio gobierno estatal no emitió ningún posicionamiento oficial, al menos hasta ayer domingo.

Mientras que el Ejército Mexico con la insignia del Plan DN III -que aplica a estados de emergencia- hizo presencia en los centros hospitalarios y bodegas de medicamentos del IMSS, una señal que no es buena para la salud pública ya que se trata de una medida de control del Estado Mexicano sobre una de las instituciones públicas que corresponden a la autoridad civil.

Para ser más claros, corresponde a una medida o Estado de Excepción que significa que la máxima fuerza del estado toma el control para garantizar el orden. La presencia de militares en las clínicas y hospitales del IMSS tiene una connotación más amplia de lo que parece. Si la crisis de los contagios avanza, la autoridad civil que en primer término es el órgano de gobierno de esas instalaciones sería relevado por un mando militar y todo el servicio quedaría bajo las indicaciones de un mando único y superior ajeno a la estructura del IMSS y de cualquier otra autoridad de origen civil.

El mensaje que envía con esto, el gobierno federal es que las cifras oficiales no son reales, que existe una realidad que ni ellos conocen pero que sí están conscientes de que rebasa la capacidad de los hospitales públicos y hasta privados, si tomamos en cuenta el anuncio del Subsecretario de que las clínicas y hospitales privadas tendrán que dar servicio a la población abierta en caso necesario.

Cuál es el siguiente paso?… nadie lo conoce más que los militares y el gobierno federal que busca contener el impacto de la enfermedad antes de que los pacientes entren en un pánico colectivo y acudan a los centros de salud a exigir atención inmediata en hordas que se salgan de control.

En este contexto se desconoce para quién es la llama última oportunidad que en total desesperación llamó a tomar en cuenta el Subsecretario de Salud del Gobierno de México el pasado sábado por la noche. Lo cierto es que ese llamado corresponde ya a la Fase III al igual que la presencia de militares en los centros hospitalarios que esta semana pasaría a todos los centros de salud públicos y privados.

Crisis hospitalaria
En medio de la crisis que ya generó en Veracruz la pandemia del miedo del COVID 19 y de las inciertas estadística, empiezan a generarse crisis internas en los centros hospitalarios que están a punto de salirse de control.

En la última semana se han registrado rebeliones controladas de médicos, enfermeras y personal administrativo en hospitales públicos del ISSSTE, IMSS y de la Secretaría de Salud, pero existe el riesgo de que esto salga de control y arrastre a todo el sistema de salud con todo y la presencia de los militares.

Las faltas de medidas y condiciones suficientes para garantizar la salud de los pacientes y del personal que los atiende en los nosocomios se ha convertido en el principal factor de rebeliones ya que los médicos titulares no quieren exponerse, tampoco las enfermeras, tampoco los residentes.

De continuar la tendencia, en breve, muy breve, el control de los centros de salud estará pendiendo de un hilo, pues el personal no sólo estará en contra de las indicaciones de untando militar o civil, sino en un terreno de confrontación entre ellos mismos con el único propósito de salvar sus vidas.

Desploman economía local

En tanto, en la vida cotidiana y productiva de las ciudades chicas y grandes de Veracruz, la economía se desploma con efecto dominó y la suspensión de actividades productivas alcanza cada día a más sectores que aceptan de mala gana y con incertidumbre las medidas obligatorias y obligadas.

Algunos sectores oficiales como el educativo y labora del gobierno fue obligado a suspender actividades, pero otros como el de prestación de servicios y comercio se obligó a cerrar por la falta de clientes con las consecuentes pérdidas para empresarios y empleados.

La pandemia del miedo y de una subjetiva realidad de la presencia del virus, obliga a medidas de suspensión de actividades sin dejar claro el destino inmediato de todos los negocios como hoteles, restaurantes, cocinas económicas, transporte, comercio informal y todo lo que se acumula en una economía donde el 50 por ciento corresponde a la informalidad real.



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